AVALON50: 50 MILLAS (80,5 Km) EN ISLA SANTA CATALINA, CALIFORNIA Sábado 14 de enero de 2012
Por: Mario Mesa mesa_mario@yahoo.com
Santa Catalina, USA.
“Against the wind We were runnin' against the wind We were young and strong, we were runnin' Against the wind …” Bob Seger
Canción “Against de Wind”, de Bob Seger (Banda sonora de la película Forest Gump)
El autor a su paso por el kilómetro 10 en una de las partes mas altas del recorrido a unos 400 metros de altitud de carrera en la ultramaratón de 80 Km de la Isla Santa Catalina. Al fondo en el amanecer se el Océano Pacífico y la costa sur del Estado de California, en la Ciudad de Los Ángeles (R. Meadows, 2012).
En la costa occidental de los Estados Unidos, en el Océano Pacífico y cerca de la ciudad de Los Ángeles se encuentra la Isla de Santa Catalina.
Allí tuvo lugar el sábado 14 de enero de 2012 la edición número 31 de la Ultramaratón Avalon50, una carrera de 50 millas (80 Km) por carretera. A esa cita llegamos 375 corredores a este recorrido por alucinantes paisajes.
En la Bahía de Avalon poco después de cruzar la meta de esta exigente carrera. (M. Mesa, 2012).
AGRADECIMIENTOS:
El apoyo de los voluntarios en las Estaciones de Apoyo fue fundamental para que los participantes hubiéramos podido completar ese recorrido de 80 kilómetros. En la foto los voluntarios de la estación de apoyo de Little Harbour. (R. Meadows, 2012).
Agradezco ante todo a Dios y a la vida por la oportunidad de echar a volar sueños, y que algunos se hayan hecho realidad, como esta “locura” de correr 80 Km. A mi familia por el apoyo incondicional. En indumentaria de carrera a Nike. Por proponer la idea de esta aventura a los hermanos Alexander y Andrés Urdaneta, compañeros de viaje y de lucha.
La organización de carrera, y en especial las personas voluntarias que estuvieron al frente de cada una de las Estaciones de Apoyo fueron fundamentales para que hubiéramos podido llegar a la meta.
En cuanto a la campaña de Correr por Una Causa, en la cual apoyado por Conexión Colombia corrí a beneficio de la Fundación Aluna de Cartagena para el proyecto específico de atención integral del niño Daniel Diaz Miranda en el marco del programa aluna móvil: http://www.aluna.org.co/es/programas01.htm
El nació con un problema de discapacidad cognitiva y vive con su mamá (quien es Cabeza de Familia, actualmente está desempleada y viven en condiciones de extrema pobreza que ha sido muy empeoradas por el invierno). Esto es en el Corregimiento de Pasacaballos en un sector deprimido al sur de Cartagena. Al momento de escribir este reporte las donaciones recolectadas para esta causa llegan a los dos millones de pesos, mil gracias a las personas que hicieron ese aporte.
PORQUÉ?:
Inicio de carrera de la Ultramaratón de 80 Km en la Isla Santa Catalina a las 5 de la madrugada del sábado 14 de enero de 2012. Que es lo que motiva a corredores a explorar estas distancias mas allá del Maratón? Cada una y cada uno tiene su propia respuesta. (R. Meadows, 2012).
Que es lo que motiva a seres humanos comunes y corrientes a proponerse e intentar correr estas carreras de distancias muy largas mas allá del Maratón, esa pregunta que yo mismo me hacía en el vuelo desde Colombia hacia California ese enero de 2012 para tratar de entender mejor porqué me había metido en este “lío”. Luego de esa aventura y ya de regreso a Bogotá mi respuesta a esta pregunta (cada ultramaratonista puede tener su propia respuesta) es que la motivación para correr estas largas distancias es exactamente la misma que tiene un atleta novato cuando decide correr su primera 10K, o su primera Media Maratón, o su primera Maratón: Avanzar en el proceso de conocerse a si mismo y sus propios límites. Y en el encuentro de esa respuesta (que para cada persona es única) a medida que avanzaba cada uno de esos 80 kilómetros en esa remota isla del Pacífico se van descubriendo al interior de la mente no solo una sino muchas respuestas en ese viaje personal que cada quien emprende a lo largo de su vida.
UN RETO A LA FUERZA DE VOLUNTAD:
: Evidenciando algo de cansancio avanzan unos corredores por el kilómetro 42 de carrera en Cherry Cove en le extremo noroccidental de la Isla de Santa Catalina , han recorrido ya la distancia de una maratón, ye les esperan 38 kilómetros de regreso al otro extremo de la isla que pondrán a máxima prueba su fuerza de voluntad por llegar a la meta. (R. Meadows, 2012).
Para correr una carrera de 80 Km se requiere además de la preparación física mucha preparación mental para superar cada uno de esos 80 largos kilómetros sin que la fuerza de voluntad desfallezca, mas que el reto del tiempo acá está el reto de la distancia.
COMO PREPRARASE?
La motivación para este reto estuvo siempre presente durante el segundo semestre de 2011, acá plasmando ese sueño en el ascenso a Monserrate del 3 de diciembre. (M. Mesa, 2011).
En mi caso particular los entrenamientos desde finales de septiembre de 2011 venían enfocados en Maratón de Boston de abril 2012, no hubo mayores modificaciones aparte de incrementar los kilómetros en diciembre y comienzos de enero, pero nunca los recorridos largos de domingo superaron los 30 Km. Que si eso era lo correcto o no, que si he debido hacer entrenamientos de mas de 50 Km pensando en esta Ultra, eso sería parte del aprendizaje que dejaría esta carrera en este proceso de aventurarse “Mas allá del Maratón” o “Beyond the Marathon”, como dicen por estas tierras de California.
QUIENES SOMOS LOS ULTRAMARATONISTAS?
Craig Herman (#205) y Louis Esposito (#228) Viajaron desde el otro extremo de los Estados Unidos (La Florida). Iniciaron la carrera a oscuras (5PM) y la finalizaron a oscuras (6:46 PM) tardando casi catorce horas. Se demoraron pero lo lograron!. (M. Mesa, 2012).
Alcancé a pensar que cuando llegara a la carrera me pasaría lo de la propaganda de Davivienda estando en el lugar equivocado” y que yo, un simple mortal, me encontraría rodeado de seres sobrenaturales de tres metros de alto y capaces de levantar un carro con un solo brazo, pero para mi sorpresa me encontré con personas comunes y corrientes, muchas y muchos ni tan flacos ni tan gordos, ni tan altos ni tan bajos, y conversando con algunos de ellos descubría que simplemente éramos “gente normal haciendo cosas extraordinarias”.
LOS LÍMITES LOS PONE UN MISMO (O POR LO GENERAL SE LOS IMPONE LA SOCIEDAD): Que define que algo sea “extraordinario” o nó? Es simplemente el hacer algo que está por dentro o fuera de esquemas que años o siglos atrás otros seres se inventaron y que muchos otros seres aceptaron como verdades absolutas, pero todo es relativo y los verdaderos límites del ser humano realmente los crea cada persona (o más bien se los imponen esos esquemas). Que habría pasado si la distancia entre la población de Maratón y la ciudad de Atenas, que definió la distancia de la prueba de Maratón en vez de ser 42 Kilómetros hubiera sido 27, 49, 63 o 72 kilómetros?
Lunes 19 de diciembre de 2011
NIKE
Recibiendo de Ricardo Montañez (izquierda) en Nike Colombia los tenis Nike Lunarglide+3 y demás indumentaria para la Ultramaratón. (M. Mesa, 2011).
Ese dia recibí en Nike Colombia los tenis e indumentaria con que correría la Avalon50, Ricardo Montañez, gerente de Mercadeo para Colombia me entregó los tenis Nike Lunarglide+3 que pondríamos a prueba en los 80 Km de carrera. Gracias a Nike por ese apoyo en el que llamo el “Proyecto Avalon”.
Miércoles 11 de enero de 2012
EXPRESO DE MEDIANOCHE
Medianoche del miércoles 11 de enero de 2012 en la Sala de Espera No. 6 del Muelle internacional del Aeropuerto El Dorado en Bogotá, Colombia. La pantalla anuncia que el vuelo 2176 de American Airlines saldrá a la 1:10 de la madrugada del jueves rumbo a Miami. (M. Mesa, 2011).
Rayando la medianoche del miércoles empezaba a hacerse realidad esta “locura”, me encontraba en el aeropuerto El Dorado de Bogotá en la fila de check-in del vuelo 2176 de American Airlines que luego despegaría pasada la una de la madrugada del jueves 12 de enero rumbo norte.
Jueves 12 de enero de 2012
BIENVENIDO A MIAMI
Siendo las 4:30 de la madrugada de ese jueves el avión toco pista en el Aeropuerto Internacional de Miami. Luego de una muy larga espera en inmigración pude reclamar equipaje y buscar la puerta de embarque para el siguiente vuelo esta vez con rumbo al occidente de costa a costa de los Estados Unidos, del Atlántico al Pacifico, el vuelo despegó a las 8:40 AM hora de Miami.
WELCOME TO LOS ANGELES:
La estrella de Mickey Mouse en el Hall of Fame de Hollywood, un recuerdo para Pablo y Sebastian, esos “Locos bajitos” que son mis hijos y que desde casa en Colombia estaban muy pendientes de mí. (M. Mesa, 2012).
Siendo las 11:00 AM (2 PM hora de Miami) el avión aterrizaba en el aeropuerto internacional de Los Ángeles.
Me encontré con Shreck en Hollywood Boulevard!. (M. Mesa, 2012).
La estadía en esa ciudad esa tarde permitió hacer algo de turismo por el sector de Hollywood, pero eso si dándole prioridad a caminar poco, fueron tan solo unas cuatro cuadras de turismo, la ansiedad y el saber que dos días después vendría una prueba de 80 Km dictaban esa lógica de poco caminar.
Hacia la medianoche estaban llegando a Los Ángeles mis amigos Alexander y Andrés Urdaneta, dos venezolanos que viven en Bogotá, donde están al frente de Runner’s Lab, un muy completo almacén de artículos para corredores. Así estábamos completando la delegación del norte de Suramérica para la carrera.
Viernes 13 de enero de 2012
A LA MAR
Haciendo la fila para tomar el barco “Catalina Express” en el Puerto de San Pedro en Long Beach, California. (M. Mesa, 2012).
Salimos de hotel rumbo al puerto de Long Beach, donde nos embarcamos en el “Catalina Express”, el barco que luego de una hora navegando hacia el occidente en el Océano Pacífico nos llevaría a la Isla de Santa Catalina.
El RMS Queen Mary fue en su momento el transatlántico de mayor envergadura construido y hasta 1948 era el más rápido, hoy en día ya dejó de surcar los mares y goza de buen retiro como barco-museo en la bahía de Long Beach, California. Pasar al lado de el nos hizo recordar lo efímero de la vida humana, y que quienes estaríamos corriendo esos 80 kilómetros en este enero de 2012 en pocas décadas, unos mas pronto que otros deberíamos también dejarle paso a nuestra vejez y gozar de “buen retiro” atlético. (M. Mesa, 2012).
Este viaje navegando nos dejaría gratos recuerdos, como ver fondeado en puerto el Queen Mary, el famoso crucero que por décadas fuera el rey de los mares y que empieza a gozar de buen retiro, también tuvimos la oportunidad de ver delfines y focas, que parecían escoltarnos a la Isla.
Vista hacia atrás: Mirando hacia tierra firme desde la popa del Catalina Express se observa la horrible franja de smog color café que flota sobre la ciudad de Los Ángeles. (M. Mesa, 2012).
Vista hacia delante: Mirando hacia la isla de Santa Catalina desde la proa del Catalina Express no se ve ninguna franja color café manchando el cielo. Es una muy buena primera impresión de lo protegida que se encuentra esta isla. (M. Mesa, 2012).
A medida que el Catalina Express avanzaba hacia la isla en la hora que tardó en recorrer las 23 millas de viaje a vista de la isla era imponente y nos daba una primera impresión del reto que enfrentaríamos al día siguiente.
WELCOME TO CATALINA ISLAND
“WELCOME TO AVALON”: Lory Szickra y Rick Spencer viajaron en el Catalina Express con nosotros, en la foto está bajando del barco entrando al muelle de la población de Avalon, capital de la isla de Santa Catalina, California, USA. En la carrera corrieron y finalizaron juntos casi a las siete de la noche (habiendo partido a las cinco de la mañana) con un tiempo de 11 horas 37 minutos 40 segundos. (M. Mesa, 2012).
El arribo a puerto en la pequeña población de Avalon, estuvo seguido por un breve recorrido caminando hacia el “Hermosa Hotel”, que sería la sede de la delegación suramericana en la carrera (Alex y Andrés por Venezuela, y yo por Colombia). Hermosa Hotel es una centenaria edificación, muy acogedora y localizada a tan solo una cuadra de la playa y a unos 400 metros de la línea de salida de la carrera.
Mapa de la Isla de Santa Catalina. El recorrido de la Ultramaratón está marcado con trazo color verde y flechas color azul claro. La población de Avalon se encuentra en el extremo suroriental (parte inferior derecha), desde allí saldría la ultramaratón de 80 Km, cuyo punto de retorno estaba hacia el extremo noroccidental (parte superior derecha). (Catalina Conservancy, 2012).
La isla de Santa Catalina fue habitada por al menos 7,000 años por nativos americanos hasta la llegada de los españoles liderados por el conquistador Juan Rodriguez Cabrillo en 1542. En 1822 pasa a ser parte de México al logra su independencia de España y desde 1846 hace parte del naciente estado de California (USA). Tiene aproximadamente 3,700 habitantes permanentes, mide 76 millas cuadradas. Mide 35 kilómetros de largo, 13 km en su punto mas ancho y 800 metros en su puto mas angosto (Two Harbours). Su montaña mas alta (Mount Orizaba) tiene 640 metros de altitud sobre el nivel del mar. Dista 35 kilómetros de la costa sur de California, en el Océano Pacífico.
Almorzando pasta el día antes de carrera, llevo puesta la camiseta de la Travesía de la Independencia, prueba de ultradistancia en relevos que organizo en Colombia entre el 3 y el 7 de agosto por caminos de libertad en el Departamento de Boyacá, la Travesía a partir de 2012 incluirá una categoría individual de 100 kilómetros en el Departamento del Casanare el 17 de junio. (M. Mesa, 2012).
Luego de instalarnos en el hotel salimos a buscar un restaurante italiano, y en eso tuvimos suerte: “Antonio’s” fue el lugar donde una suculenta pasta y una fría cerveza nos ayudarían a aprovisionarnos de los carbohidratos para el reto del día siguiente.
La tarde fue para descansar.
RECLAMANDO EL KIT
“Show your number!”, Algunos de los participantes mostrando el número de Carrera que acaban de recibir. (M. Mesa, 2012).
A las 5:00 PM fuimos reclamar nuestro kit de carrera en THE LANDING, una plazoleta pequeña, donde en un protocolo muy sencillo recibimos la camiseta de carrera y el número de competencia.
Mis compañeros de fila fueron dos estadounidenses: Jack Clymer y Tom Flummerfelt. Jack Flummerfelt. Jack es un experimentado ultamaratonista que vive en Santa Barbara, California con su esposa Elizabeth, y Tom un maratonista que vive en Winchester, Massachussets y ha corrido la maratón de Boston cuatro veces.
Mike Bone, Director de Carrera imparte últimas instrucciones a los participantes. (M. Mesa, 2012).
Al final de la entrega de kits vendría una charla explicativa por parte de Mike Bone, Director de Carrera. Luego fuimos a cenar mas pasta con Alex y Andrés, y a descansar para el gran día.
Antes de ir a dormir: Última revisión de la indumentaria de carrera: Listo el uniforme, los ocho geles, la vaselina para proteger partes sensibles como tetillas y axilas, el protector solar, la lámpara de cabeza para la parte inicial de carrera a oscuras y el numero de competencia. En la foto hace falta la bandera tricolor, incansable compañera de mis maratones. (M. Mesa, 2012).
Sábado 14 de enero de 2012
RACE DAY!
4:40 AM del sábado 14 de enero de 2012. Puerto de Avalon en la isla de Santa Catalina, USA: La delegación Suramericana en esta Ultramaratón: Desde la derecha: Alexander Urdaneta, Andrés Urdaneta (Venezuela) y Mario Mesa (Colombia). (M. Mesa, 2012).
La carrera iniciaba muy en punto de las 5:00 AM, en plena oscuridad, lo que hacía necesario que los corredores madrugáramos mucho, pero eso no fue problema. En la total oscuridad del camino fueron indispensables las lámparas de cabeza, la mía era la lámpara Energizar que conservaba de la Nike Run 10K nocturna de unos años atrás. Muy útil e indispensable.
Primeros metros de carrera por Catalina Road. (R. Meadows, 2012).
Los primeros seis kilómetros de carrera son muy comparables en pendiente al ascenso al Alto de Patios en Bogotá, así que debimos tomarlo con calma, y en medio de la oscuridad guiados por la luz de nuestras lámparas.
Km 2: Ascendiendo por Catalina Road
La salida es en la esquina de Crescent Avenue con Catalina Road, asciende en pavimentado 2 Km y en Avalon Cyn Road y estábamos en carretera destapada, que en la oscuridad requería mucha alerta para evitar una torcedura de tobillo.
Km 3:
Allí me alcanzó Alex Urdaneta, compartimos unos cientos de metros y el se adelantó.
Km 4:
Ascendiendo por el serpenteante camino se tuvo una espectacular vista: En medio de la oscuridad una procesión de luces formada pro los corredores, y al fondo en la distancia las luces de la ciudad de Los Ángeles delineaban la costa occidental de los Estados Unidos.
Km 6:
Llegando a lo alto de la montaña alcancé al corredor no. 87, Matthew Robinson, con quien compartí algo de conversación mientras avanzábamos aún en la oscuridad, al saber que yo venía de Colombia me comentó que le gustaría algún día vivir allá. Finalizó el exigente ascenso y pasamos a una vía en promedio plana llamada Divide Road.
Km 7:
En lo más alto de la montaña pasamos al lado de una torre de comunicaciones, las luces rojas de ésta parecían un faro que nos guiaba en medio de la oscuridad.
Km 8,7: Haypress.
Corredores en la primera estación de apoyo (que al regreso de carrera hacia la meta sería la última): Haypress. (R. Meadows, 2012).
Primera Estación de Apoyo: Haypress. Lo que habíamos leído de ultramaratones, y los consejos de nuestro amigo Federico Pardo, veterano de exigentes pruebas como la Maratón Des Sables indicaba que en todas las estaciones era indispensable alimentarse bien y tomar mucho Gatorade, así que allí me tomé mi tiempo para comer naranja, banano y dulces M&M’s
Km 10: “Heaven is a place on Earth”
La oscuridad empezaba a darle paso al amanecer, y con el desde los 400 metros de altitud corriendo por la carretera Airport Road en el filo de la montaña mis ojos tuvieron la oportunidad de divisar hacia abajo la majestuosidad del Océano Pacífico por debajo de las nubes, parecía por momentos como si en vez del mar fuera el cielo, esto le ponía imágenes a la canción de Belinda Carlisle (Heaven is a place on earth), una extraña imagen que quedó capturada en el lente de mis ojos y en la memoria de mi vida, y enseguida vendría otra no menos majestuosa.
Km 10,5: Sonrisas por el “Sunrise”.
El amanecer que nos regaló la naturaleza a los corredores en le kilómetro 10 de carrera. (R. Meadows, 2012).
Con poco menos e una hora de carrera el sol comenzaba a buscar espacio al oriente, por en medio de las montañas rocosas mas allá de Los Ángeles, y el cielo se fue tiñendo de impresionantes tonos de rojo intenso que en mí despertó mas de un sonrisa de felicidad por ser testigo de tanta belleza que la naturaleza nos regalaba a medida que avanzábamos por los 80 Km de este reto.
Km 20: “Learning to fly”
Vista aérea del aeropuerto de la Isla de Santa Catalina. (G Brienne, 2010).
Si bien yo no llevaba ningún reproductor de música, algunos lugares me recodaban canciones, unos kilómetros atrás la de Belinda Carlisle, y ahora pasando al lado de la entrada al aeropuerto de Santa Catalina mi memoria trajo unas fotos que mi amigo Gert Brienne me había enviado unas semanas antes de cuando piloteó desde Los Ángeles a Santa Catalina una pequeña avioneta, vinieron entonces los recuerdo sonoros de Pink Floyd y su “Learning to Fly” que me inspiraron por esta paso del camino.
Km 30: Little Harbour.
Cansado pero contento!: Jack Clymer avanza por el ascenso de Little Harbour Road entre la estación de Apoyo de Little Harbour y el alto de Upper Buffalo Corral Reservation. (R. Meadows, 2012).
Ya teniendo este kilometraje entraba a la zona que usualmente en la Maratón de 42 Km se conoce como “la pared”, pero en este caso era algo totalmente desconocido, pues a diferencia del Maratón no faltaban 12 Km de carrera, sino la difícil cifra de asimilar: 50 exigentes kilómetros (afortunadamente aún no aparecía la pared). Allí en la Estación de Apoyo de Little Harbour (también llamada Wacko Café), ya con un cansancio acumulado me volví a aprovisionar de alimentos, y continúe el trote entrando a terreno desconocido, más allá del Maratón. Vendría un fuerte ascenso hasta el punto donde se tendría la vista del extremo noroccidental de la isla.
Km 38:
Allí estaba: a menos de seis metros de la carretera un hermoso búfalo nos observaba bajando hacia Two Harbours.
Km 40: Two Harbours
Los corredores al paso por el caserío de Two Harbours. (R. Meadows, 2012).
Hasta acá mi paso de carrera seguía intacto, estaba 10 minutos por debajo de las cuatro horas, lo cual significaba que en promedio estaba corriendo a menos de 10 Km. El recorrido de carrera me traía a la población de Two Harbours, un sector de pocas casas en la curva de una ensenada en la que el mar nos regalaba diversos tonos de azul y verde embrujador. Allí, y en el punto de meta se podría decir que fueron los unicos lugares donde había personas animando (aparte de las estaciones de apoyo). Por lo demás se podría describir este viaje al trote de 80 Km como un recorrido en medio de la soledad, lo cual en vez de ser una debilidad de la carrera es tal vez de sus mayores fortalezas, pues cada corredor tiene la oportunidad de deleitarse con la gran belleza natural de la isla en en encuentro con sí mismo que permite reflexionar mucho, cada una y cada uno con su sueños, sus fracasos, sus triunfos. En una ultramaratón como esta cada participante corre al encuentro de sí mismo. Una experiencia que solo se puede entender al vivirla, no contada por otra persona.
Km 42.2: /De maratonista a Ultramaratonista
Dos corredoras avanzan por la localización aproximada del kilómetro 42 Km 195 m de carrera. (R. Meadows, 2012).
En una curva cualquiera de la via entre Two Harbours miré mi reloj Garmin y me indicaba una distancia acumulada de 42 Km 195 metros. Referente importante pues en ese punto estaba completando la distancia de Maratón, en ese punto dejaba de ser maratonista y empezaba a enfrentar el “examen” de ingreso al mundo de los ultramaratonistas, un exigente examen de ascensos y descenso por carretera destapada a lo largo de 38 kilómetros que faltaban para la meta.
Km 43: Retorno
Una “U” marcada con cal en el suelo señalaba el punto de retorno, estabamos en el extremo noroccidental del a isla, ye desde allí a buscar el camino de regreso a Avalon. (R. Meadows, 2012).
Estaba en el otro extremo de la isla, allí un giro en “U” marcado en el piso indicaba que en ese punto debíamos empezar a regresar hacia el Puerto de Avalon a la Meta. Allí en el extremo noroccidental de la isla se tiene una muy hermosa vista hacia Emerald Bay. En cuanto a mi estado de ánimo iba muy bien pues ya había logrado pasar de la distancia de los 42 Km de Maratón, también de la mitad de los 80,5 Kilómetros (50 Millas) y este giro en “U” me indicaba que cada paso que diera de allí en adelante era buscando el camino de regreso a Avalon. Uno en estas pruebas de ultradistancia (un reflejo de lo que es la vida misma) uno debe aferrarse a esos pensamientos positivos para lograr el reto, es comparable a decir que el vaso esta “medio lleno”. Lo opuesto, pensar que el vaso “está medio vacío”, y ver solamente la gran cantidad de kilómetros que faltan (lo cual era una realidad, pero la clave estaba en con que actitud enfrentarla), cuando el cuerpo ya se encuentra golpeado por el esfuerzo ya hecho es muy peligroso y se corre el riesgo de dejarse vencer y no lograr la meta.
Km 50:
La estación de apoyo de Little Harbour. (R. Meadows, 2012).
Después de haber pasado por Two Harbours en el camino de regreso me recibiría por Little Harbour Road un ascenso muy exigente de aproximadamente cinco kilómetros, y luego un descenso que enfrenté con mucho optimismo, sin embargo mi reloj Garmin empezaba a mostrarme promedios lentos de paso que no había tenido antes y que se alejaban del promedio de 10 kilómetros por hora que hasta ahora había podido llevar.
Uno de los ascensos entre Little Harbour y Eagle´s Nest. (R. Meadows, 2012).
En cada paso de ese descenso parecía que ni cuerpo empezaba a evidenciar el agotamiento, pero el ánimo seguía por lo alto y reforzado por los bellos paisajes de esta solitaria e imponente isla. En el kilómetro 53,4 volví a pasar por la estación de apoyo de Little Harbour, allí hice algo de estiramiento y consumí sal y buenas cantidades de Gatorade y fruta, mi cansancio empezaba a ser evidente.
Km 62,4: Eagle’s Nest:
Una corredora se aproxima a la Estación de Apoyo de Eagle´s Nest. (R. Meadows, 2012).
Los nueve kilómetros entre Little Harbour y la siguiente Estación de Apoyo llamada Eagle’s Nest (el Nido del Águila) tuvieron un perfil similar al resto de la carrera: Ascensos y descensos “quiebrapiernas” que poco a poco hacían que las fibras musculares se resintieran mas e hicieran cada vez mas difícil dar el siguiente paso. En este tramo mi paso de carrera cayó muy por debajo de los 10 Km por hora y empeorando. En cuanto a mis fuerzas, parecia que las de las piernas se estaban agotando, y allí era donde mi fuerza mental empezaba a ser protagonista principal en esta labor de avanzar paso a paso hacia la meta. En Eagle’s Nest pregunté s los voluntarios si había servicio de masaje, pues mis piernas lo clamaban a gritos, me respondieron que si (Uff!), pero a los pocos segundos revisaron y me confirmaron que no había ese apoyo por ahora, lo tomé con calma, hice algo de estiramiento, me hidraté bien y retomé el paso, como digo, esta vez siendo mis pasos jalonados mas por la fuerza de mis piernas, por mi fuerza de voluntado.
Km 63: Low Battery!
El Garmin, valioso compañero de carrera, que agotó sus baterías (al igual que el dueño) en el kilómetro 63 de la Ultra.. (R. Meadows, 2012).
Avanzando por Middle Ranch Road mi reloj Garmin marcaba 63 kilómetros recorridos en seis horas 30 minutos 34 segundos y un promedio instantáneo de carrera de siete minutos 47 segundos por kilómetro que comparado con el 6:12/km en promedio total hasta ese punto me decía lo mucho que mi ritmo de carrera había caído. En ese momento el Garmin vibró con el mensaje “low battery”, se le había acabado la pila al reloj, y el dueño estaba en situación similar…
Con el aviso de “low battery” en mis fuerzas físicas, cada vez mas y mas debía acudir a mi fuerza mental para poder levantar cada pierna y seguir corriendo, en ese agónico ascenso por Midde Ranch Road.
Esa fue mi crisis mas terrible en toda la carrera, por momentos pensé que no lo lograría, hasta el nombre de uno de los desvíos hacia otras carreteras me daba malos presagios: “Skull Ridge Road” (carretera de la serranía de la calavera) me quería decir que mi sueño de completar esta ultramaratón estaba “marcando calavera”, como dice la frase popular en mi país. Pero no me dejé vencer, acudí a todo lo que tuve de motivación por correr y no desfallecer, inclusive leí el lema de los tenis Niké Lunarglide+3 con los que estaba corriendo y que había estampado en mi camiseta de carrera: “HIT THE ROAD, NOT THE WALL” (“Golpea la carretera, no el muro”, ese muro imaginario que representa los momentos de crisis en las carreras atléticas, y creo, en la vida misma).
Km 64: Walking Breaks Un kilómetro mas delante de cuando se murió mi Garmin yo seguía corriendo, lento pero corriendo. Unos 200 metros adelante iba otro corredor y se me hizo curioso que aunque el
Se detenía a caminar por algunos tramos, y yo iba “corriendo” el me tomaba mas distancia. No entendía como alguien que paraba a caminar por algunos tramos seguía aventajando a alguien que iba corriendo.
Decidí hacer algo similar y probar suspender el trote por un tramo corto y caminar con paso largo y alzando la rodilla para estirar las piernas, luego de ese intervalo de aproximadamente 30 metros retomé el trote y… Que sorpresa tan grata! Mi paso había mejorado notablemente, me sentía de muy buen ánimo y empecé a alcanzar al corredor de adelante. Repetí esta táctica varia veces mas y me dio muy buen resultado esa técnica de intervalos cortos de caminata en medio del trote por esos terrenos desconocidos de ultradistancia. Esa noche en la cena comenté mi experiencia, y Alexander Urdaneta me dijo: “Mario: Has descubierto la técnica de Walking Breaks”, (que traduce como intervalos de caminata”) que es una de las mas conocida en el mundo de las ultramaratones, es darle un poco de respiro a los músculos y renovar fuerzas con esos intervalos cortos de caminata alternados con un trote parejo.
Poco a poco mi estado de ánimo iba mejorando, era mediodía, llevaba al menos siete horas de trote desde las cinco de la mañana cuando había partido la carrera, y cada vez era mas viva la esperanza de llegar a la meta, estaba superando la crisis mas grande que me habia puesto en el camino este reto.
Km 70,8: Pumphouse Hill
El autor avanzando por el ultimo ascenso entre Las Estaciones de Apoyo de Pumphouse Hill y Haypress, faltan aproximadamente nueve kilómetros para la meta. En la mano izquierda la bandera de Colombia, y en la mano derecha un racimo de uvas que supo a Gloria. (R. Meadows, 2012).
Cuando llegué a la Estación de Apoyo de Pumphouse Hill el Gatorade, agua y fruta me ayudaron a reponer fuerzas y estado de ánimo. Grata sorpresa fue encontrar en esa estación una deliciosas cerezas y racimos de uvas verdes que supieron a Gloria. Ya cuando me disponía a retomar trote llegó a esa estación mi amigo Alexander Urdaneta, lo veía muy agotado pero también muy decidido a finalizar esta prueba. Luego de un breve saludo me despedí de el y retomé trote por el último ascenso fuerte de la carrera llevando en mi mano dercha la bandera de Colombia que me había acompañado todo el recorrido, y en mi mano izquierda un delicioso racimo de uvas verdes. Había superado la crisis y estaba muy enfocado en avanzar los ultimos diez kilómetros de carrera.
Km 74: Haypress
La curva de la carretera en la estación de apoyo de Haypress. Faltan unos seis kilómetros de un demoledor descenso que deberíamos enfrentar con mas de 74 kilómetros de cansancio para poder llegar a la meta . (R. Meadows, 2012).
Luego de llegar al alto hacia el kilómetro 73 de carrera todo el recorrido sería en descenso hacia la meta. La primera parte fue de un descenso suave hasta la Estación de Apoyo de Haypress (que había sido la primera por la habíamos pasado de madrugada al inicio de carrera). Allí me limité a tomar dos vasos de Gatorade y reanudé trote por los seis kilómetros.
Km 80,5 (milla 50): LA META!
Una corredora aproximandose a la meta. (M. Mesa, 2012).
Esos últimos seis kilómetros fueron de pesadilla: Si bien mi estado de ánimo había mejorado muchísimo y llevaba renovadas fuerzas físicas y mentales, allí todo el recorrido fue en un descenso de fuerte pendiente (no me considero bueno para las bajadas) y cada paso que daba era como mis músculos, especialmente de los muslos recibieran un fuerte golpe. Lo bueno es que la meta estaba muy cerca, solo era cuestión de tener paciencia en la bajada, soportar ese dolor y seguir avanzando.
Las medallas. (M. Mesa, 2012).
En un momento empecé a escuchar abajo en Avalon las voces de los espectadores animando a los corredores, eso me motivó mucho y apuré el paso como pude. Luego la pendiente se suavizó al ir entrando a esa población, alcé la bandera colombiana con mis dos brazos y con mucha felicidad para recorrer así los últimos cientos de metros por la calle Crescent Avenue hasta finalmente cruzar la meta de esta prueba de ultramaratón, ese paso por la meta lo sentí como la graduación de un postrado en la universidad de la vida, y estaba recibiendo mi diploma imaginario de ultramaratonista: Tardé ocho horas, cuarenta minutos y siete segundos en completar la distancia de carrera de cincuenta millas (ochenta kilómetros y medio) ocupando el puesto 33 entre 375 participantes oficiales.
MAS ALLÁ DE LA META:
Una vez finalicé y recibí la anhelada medalla caminé como pude las dos cuadras entre la meta y la calle Metropole, al Hermosa Hotel donde estábamos hospedados. Allí saqué la cámara fotográfica y regresé a la meta a tomar fotos de los demás corredores.
Con la medalla, el autor (derecha) y Alexander Urdaneta.. (M. Mesa, 2012)
El primero que alcancé a fotografiar fue mi amigo Alexander Urdaneta, quien también había superado su crisis y muy feliz recorrió esos últimos metros, una vez Alex recibió su medalla tuve la oportunidad de estrechar su mano y agradecerle porque fue el quien seis meses antes estando visitándolo en su tienda Runner’sLab en Bogotá me habló de esta carrera y me convenció de participar. Mas retrasado pero también muy feliz llegaría su hermano Andrés Urdaneta cerrando la participación suramericana en esta prueba. Los tres empezamos a compartir nuestras experiencias de carrera mientras veíamos llegar a mas y mas corredores que completaban nueve, diez y mas horas de carrera.
PASARON EL EXAMEN: LOS NIKE LUNARGLIDE+3:
Con los Nike Lunarglide+3 que me llevaron seguro y cómodo por ese mágico recorrido de 80 Km en Santa Catalina.. (M. Mesa, 2012).
Excelente rendimiento tuvieron los tenis Nike Lunarglide +3, sobrados pasaron la prueba de llevarme por agreste camino 80 kilómetros, excelente calzado, recomendado al 110%.
UN PAR DE HISTORIAS: Esta es mi historia de carrera, pero cada una y cada uno de los seres humanso que tomamos la partida a las cinco de la madrugada de ese dia de enero en la Isla de Santa Catalina tiene su propia historia y recuerdos imborrables que dejó viaje al interior del ser humano que duró 80 kilómetros, en la meta algunso de ellos me compaqrtieron parte de su experiencia:
Annie Seawright:
Anne Seawright descansando de la agotadora jornada su rodilla evidencia la caida que sufrió en carrera.. (M. Mesa, 2012).
Vive en California, toda su vida ha corrido, y entre las maratones que recuerda están sus cuatro maratones de Los Ángeles, uan en el Estado de Carolina y un par de veces Boston, tieen su marca personal de maratón (2:58) en le año 1994 en la maratón de St. George (UTAH). Ha corrido varias ultramaratones, y esta de Santa Catalina fue especialmente dura pues faltando mucho por terminar sufrió una caída fuerte que le dejó ensangrentada la rodilla izquierda, pero esa fuerza de voluntad que ha madurado todos estos años de trotes la guió hasta la meta.
Alexander y Andrés Urdaneta:
Los hermanos Urdaneta. (M. Mesa, 2012)
Este par de “locos que corren” venezolanos nacidos en la ciudad de Maracaibo merecen todo mi respeto y admiración: Desde muy jóvenes les ha gustado el deporte y en los últimos años el Running ha sido su pasión y ambos ya han corrido Maratón recientemente: Alexander en Ámsterdam en octubre pasado y Andrés en Iza en agosto pasado, que la viven todos los días (entrenan con el grupo de Goodwill Runners que lidera Will Vargas en Bogota) y al frente de su tienda RunnersLab proveen un gran servicio a la comunidad atlética. Son aliados de los proyectos de Correr Bien.
Jack Clymer y Tom Flummerfelt:
El dia anterior a la carrera con miscompañeros de fila psra reclamar el kit: A la Izquierda Jacvk Clymer, a la derecha Tom Flummerfelt. (M. Mesa, 2012)
Como buen atleta de fondo californiano Jack ya se “graduó” de ultramaratonista hace varios años. La primera carrera de 50 millas que hizo llevó consigo una cámara fotográfica y se detuvo en muchas partes a fotografiar el paisaje pero cumplió con la meta. Ha corrido varias veces esta ultra de Santa Catalina y en su viaje lo acompaño su esposa Elizabeth. Tom Flummerfelt viajó a la carrera desde el otro extremo del país, vive cerca de Boston a orillas del Océano Atlántico y entre otras cosas ha corrido Boston Maratón cuatro veces, tambien logró finalizar esta ultra de 50 millas en Santa Catalina.
Tom O’Hara:
El “Team Couch Potato” liderado por Tom O´Hara (número 27, al costado derecho de la foto).. (M. Mesa, 2012)
Desde 1996 este californiano que reside a las afueras de Los Ángeles ha liderado un grupo de atletas aficionados que a primera vista no parecieran ser atletas, pero su constancia en los entrenamientos les permite
CEREMONIA DE PREMIACION:
Fabrice Hardell acaba de recibir el trofeo al ganador general, lo acompaña su novia. (M. Mesa, 2012)
En la noche, y cuando aún estaban llegando corredores, se dio lugar a la cena de clausura de la carrera en un restaurante localizado justo al lado de la línea de meta.
Allí los trofeos (no se premia en dinero sino solo en trofeos) los recibieron los ganadores de las diferentes categorías de edad cada 10 años.
De destacar el ganador: Fabrice Hardell, quien repitió triunfo del 2011 con un demoledor tiempo de 6 horas:44 Minutos . 19 segundos. Es de destacar que el tercer puesto en la general correspondió a una mujer: Polly Campbell, quien tuvo el extraordinario resultado de 6 Horas 55 minutos 55 segundos.
Kent Holder (izquierda) y Hal Winton reciben la chapa de las 1500 millas que les reconoce a cada uno el haber corrido treinta veces esta carrera. (M. Mesa, 2012)
Hubo premiación especial para quienes en los 31 años de historia de esta carrera la han completado al menos 10, 20 o 25 veces, y especial reconocimiento tuvieron los amigos Kent Holder y Hal Winton, quienes a sus setenta años de edad corrieron esta exigente ultramaratón completando así treinta participaciones consecutivas cada uno.
Diversos y originales métodos tuvimos que adoptar para subir y bajar escaleras el dia después de esta Ultramaratón…. (M. Mesa, 2012).
La foto de grupo poco antes que cada una y cada uno emprendiera el regreso a casa. (M. Mesa, 2012).
En la mañana del domingo 15 de enero despertamos con las piernas “molidas” pero con el alma fortalecida pro esta prueba, no hay imposibles cuando el ser humano se empeña en sacar adelante sus sueños, y ya la medalla de estos 80 kilómetros iba a buen recuerdo en nuestro equipaje en este viaje por la vida.
La bandera de Estados Unidos en la popa del barco que nos llevó de regreso desde Santa Catalina hasta Los Ángeles, luego el regreso por aire Los Ángeles-Miami-Bogotá Al fondo entre la bruma se asoma sutilmente el perfil de la Isla de Santa Catalina, invitando a regresar algún dia.. (M. Mesa, 2012).
Ese mismo domingo salimos de la isla, empezando a buscar el camino de regreso a casa y a elaborar nuevos sueños, nuevos kilómetros…
UNA PELÍCULA QUE INSPIRÓ ESTOS 80 KM Y LOS QUE VENDRÁN:
El video que decora esta crónica es una de las canciones de la banda sonora de Forrest Gump, (R. Zemeckis, 1994) una película que marcó en muchos de nosotros el camino hacia la Maratón y la ultramaratón: