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AGUA, SANGRE DE VIDA DE LA MADRE TIERRA
Por: Bernardo Cepeda
info@correrbien.com
5 al 20 de octubre  de 2015

“Soy feliz, soy un hombre feliz,
y quiero que me perdonen,
por este día,
los muertos de mi felicidad”
 Pablo Milanés

Una foto de Bernardo Cepeda en una de sus jornadas de trote por el Altiplano Cundiboyacense. (M. Mesa, 2012).

Nota Editorial:

La historia escrita por europeos, y que todos conocemos, nos cuenta que en 1492 Cristóbal Colón logró una gran hazaña al aventurarse con tres embarcaciones y unos cuantos marinos hacia lo desconocido buscando nuevas tierras, ese fue un épico viaje ejemplo de coraje. Hasta ahí la historia es bonita y muchos la admiramos, y queramos o no, quienes habitamos hoy en día esas tierras a las que Colón abrió caminos llevamos por nuestras venas en parte la herencia de esos exploradores, en idioma, cultura, costumbres, etc.

Pero lo que esa historia escrita por los “descubridores” no cuenta es que en esas tierras nuevas para ellos existían civilizaciones con sus propios valores de religión, cultura, costumbres. Eran gentes buenas que vivían en armonía con su hábitat, con un profundo respeto por la Madre Naturaleza.

De esas gentes que fueron azotadas por la ola invasora que procedió a Colón quedan hoy en día muy pocos, y Bernardo Cepeda es una de las personas que tratan por rescatar los valores de esa Madre Tierra que por milenios no llevó el nombre de un Comerciante y Cosmógrafo Italiano (Americo Vespucio) sino que tuvo su propia identidad hoy olvidada.

En octubre de 2015 Bernardo, como ya es tradición desde hace varios años, emprendió camino por esas tierras:

 

AGUA, SANGRE DE VIDA DE LA MADRE TIERRA
 Octubre  de 2015

 

Las lagunas del altiplano Cundiboyacense, la ruta de Bernardo Cepeda en octubre de 2015 quiso rescatar la importancia que ellas tienen para la Cultura Muisca. (M. Mesa, 2015).

“Soy feliz, soy un hombre feliz,
y quiero que me perdonen,
por este día,
los muertos de mi felicidad”.

Pablo Milanés

 

Agua, Sangre de Vida de la Madre Tierra

 

Salto de alegría por la encomienda del Padre Chaquén en armoniosa confabulación con la Madre Tierra. Ellos saben que mi espíritu, alma, corazón y cuerpo están a su favor. Encontré un compañero que dispuso sus fuerzas y espiritualidad a ellos y partimos a cumplir con razón, fuerza y valentía, con un ramo de flores entregadas por el Padre Viento, en compañía de la Madre Majuy, de la mano de los Abuelos de sentimiento grato, jubilosos y sonrientes porque vamos a Correr-Mover la Tierra (Inyhisuqa Hytcha), a cada paso de ese Correr la Tierra es mayor el sentir de Moverla. Gracias Madre Tierra, gracias Padre Sol, gracias Madre Luna, gracias Madre Agua, gracias Padre Fuego, gracias Padre Viento, gracias Abuelos Compañeros.

 

Gracias Vida, memoria, alimento, Laguna, río, humedal, Laurel de triunfo, grito de Gloria, al encuentro de esta Travesía Sagrada llena de inspiración, amor, sentir, cordialidad, comprensión, unión, ataduras nobles, silencio, sensualidad, amistad, brillo, luz, verdad, entrega.

 

Nos introdujiste Tú Madre Ubaque, nos entregaste personas formidables, amables, simples, altas, grandes, respetuosas que, nos ofrecieron sus manos, entereza, sabiduría, sonrisas y palabra. Nos dejaste al descubierto tu pecho resplandeciente del Universo, nos abriste el portal del estanque de las Aguas Cósmicas, de la luz, nos entregaste la frente y manos de la Madre Bagüe, la sonrisa del niño Mhuysqa, el resplandor cálido del Padre Sol, nos recibiste con la nobleza de lo espontáneo y auténtico, nos permitiste dejar huella en tu piel y cabello, nos diste la fuerza y energía para poder eyacular nuestro vigor y robustez volcánicas y empezar el Tejido de esta hermosa red de Agua-Vida-Memoria-Alimento. Nos rendimos a ti, te respetamos y ofrendamos nuestras piernas que se tornarán en instrumentos de tejido y Tú el hilo inicial de comprensión, calor, para eclosionar al mundo para ser semilla de Vida.

Laguna Sagrada de Ubaque, 5 Km de la población de Ubaque, Cundinamarca. (B. Cepeda, 2015).

Como aglutinante cuarzo y arcilla, limo y lutita, agua y agua, agua, agua, agua. Nuestras extremidades inferiores cruzaron los senderos de viento y cristal, nuestros corazones empujaron el sonido del Agua y al frío del páramo, nuestras manos apartaron energías negativas, nuestra vista fija en la gran segunda puntada que nos llama con cariño, la Madre Siecha, arriba, engalanada de frailejones, de pájaros iridiscentes, de cuyes, de rocas hermanas que salieron a saludar a los bien llegados. Gracias Madre Siecha, en tus senos oramos, en tu vientre depositamos la semilla de Vida, de verdadero amor, de sinceridad, de cariño, de comprensión, de entrega; nos frotaste con tus bellas manos de favor, de templanza, de calidez, de nostalgia y amor.  Es aquí donde el amor nace, se crea y crece, no donde se apaga, es aquí donde una sonrisa toca el corazón más duro, el cabello cabalga sobre esa corriente de aire natural para dar entusiasmo, vehemencia, es donde el Tejer Agua se aprende con facilidad e ingenuidad, es aquí donde los caminos de Amatista y Esmeralda son senderos cubiertos de plumas y algodón y todo se torna en los colores del Arco Iris, es aquí donde se sella la fecundidad, la sinceridad, la belleza de ver Vida, Semilla, Agua. Hayo y Facua, Facua y Hayo llevan el pagamento, el canto, el corazón se parte y regresa sano, firme. Lugar de verdad, palabra, Tejido formidable. La red de la Madre Agua continua, pero sin olvidar que somos semilla catapultada hacia la sabiduría, seguimos nuestro curso al El Dorado, al saber, a la altura, somos semilla nueva y vieja.

Laguna Sagrada de Siecha, en el Municipio de Guasca, Cundinamarca. (B. Cepeda, 2015).

En un parpadear y bajo el Agua hecha lluvia nos encontramos rumbo a ofrendar a la Madre Guatabita, sabia, dedicada a la espiritualidad, a confluir con el cosmos y nos hallamos con el cantar humano y hermoso de una persona dotada, el Padre Aire vestido de viento los distribuye a los cuatro cantos del lugar y las nubes se desplazan para que el Padre Sol de calor a esta voz, que la Madre Agua reciba estos acordes, la Madre Roca los grabe por siempre, las hermanas plantas la adornen y los hermanos animales la acompañen, gracias Madre Tierra, gracias Luisa por enternecer con tu aliento bello y fresco nuestra semblanza, por dibujar en nuestros rostros una sonrisa mayor, por despertar de la Madre Guatabita aquel gigantesco colibrí, que refrescando con su aleteo, con su altivez, fortaleza demás, para continuar hilando, Tejiendo Agua, agua, agua, agua, agua.

Laguna Sagrada de Guatabita, entre las poblaciones de Sesquilé y Guatavita, Cundinamarca. (B. Cepeda, 2015).

Sabios y llenos de libros sagrados nos deslizamos velozmente hacia la muerte, o mejor, casi muerte, nos chocamos, estruendosamente, contra una cerca de piedra y madera, contra un muro de incomprensión y alambre de púas, contra una fortaleza de corazones muertos y agua con ansias de libertad, solo las lágrimas y el cántico abdominal y sutil nos halló en este enredijo de tristeza y el tejido se debilita, no es sólido, colorido, precioso, nuestras manos tiemblan, las piernas se debilitan, nuestras corazones entran en hibernación, nuestros ojos se empañan y nos encontramos tendidos sobre la Madre Tierra, mirando al cielo, sin saber de las cuatro elementos. La sabiduría, la semilla fértil y cálida nos llevaron de regreso a la puerta de entrada al cosmos, la atravesamos y perdimos el conocimiento, en el pecho de la Madre Suesca.

Laguna Sagrada de Suesca, Municipio de Suesca, Cundinamarca. (B. Cepeda, 2015).

Gracias Madre Agua, al despertar nos encontramos dirigiéndonos a la Vida, al resplandor, al espejo de vida, la Madre Fúquene nos llama, lerda y quejumbrosa, nos encierra para enseñarnos a seguir tejiendo. Grande-pequeña, altiva-invadida, orgullosa-temerosa, pero nos recibe cuando le cantamos, la llamamos, la invocamos, la enamoramos, la abrazamos, la besamos embriagados de pasos y resoplidos, de manotazos y palpitaciones, pero, enérgica nos entrelazamos y nuevas puntadas del tejido emergen de las pocas aguas, nudos del tejido se tornan en figuras humanas, en juncos entrelazados.

Laguna Sagrada de Fúquene, Municipio de Capellanía, Cundinamarca. (B. Cepeda, 2015)

El Padre Sol juega con nuestras miradas, nos impulsa a continuar ese largo recorrer, nos empuja a conocer a su hermana Chibalecam, en la cúspide del sendero cuarzoso y mágicamente cabalgamos en la voz del hermano Mhuysqa Carlos que nos muestra la belleza, la cordialidad, la unión, la ternura, la frescura y el brillo de infinidad de cristales saciados de memoria, de energía, de hermosura y luz de gloria, del cuarzo hermano que recibe nuestros saludos y quereres recogidos en cada cambio de Tejido, en la misma red y nuevos diseños con hilo de Agua erupcionan en nuestras manos y la claridad del camino por pasar se define, es eterno, inspira a la Madre Luna a cuidar de nuestros sueños, de nuestra misión que, nuestras agujas-piernas no olviden el Tejer, no olviden Tejer-Semilla, no olviden Tejer-Semilla-Sabiduría, no olviden Tejer-Semilla-Sabiduría-Poder.

Laguna Sagrada de Chibalecam, Cerca de la población de Ráquira, Boyacá. (B. Cepeda, 2015).

Rendidos, físicamente, caemos rendidos en una maraña de brazos verdes, rojos, grises, azules, amarillos, naranjas, negros, blancos, produciendo estruendo de rocas terciarias y cuaternarias, rocas abuelas albergadoras de cánticos antiguos, de gritos y estertores del universo.

En un apacible y tierno amanecer los rayos solares y el cantar de las aves conocidas y desconocidas nos despiertan, el agua termal empujada por espíritus sencillos, amables, juguetones nos salpican, nos refrescan nos murmullan y besan con besos múltiples, con abrazan con abrazos múltiples y en medio de todo este avatar de sensualidad y cariño el ladrar de un To-perro amigo que bebe nuestra Facua, se alimenta de nuestra virtud que recibe nuestra semilla y recuerdo doble. Observamos fijamente al Padre Sol y vislumbramos el nuevo y bello Tejido de la Madre Tota que nos ata a sí, en la cúspide, que nos canta, que nos arrulla y mansamente nos entregamos a sus brazos para fortalecernos y nos apuramos por los rayos del Sol, por los brazos de Luna para entregarnos a las enseñanzas del Padre Botchica, tranquilo, sabio, allí, arriba cabalgando erecto en el Paba Waira Cocha, indicándonos el camino hacia Idacanzas y al Templo del Sol. Como todo camino posee un derecho de tránsito y los Abuelos encargados de él, nos detienen para saber de dónde venimos y para donde vamos, lágrimas-agua son nuestro pasaporte y visa, son nuestra hoja de vida, en ellas todo reposa: la Vida que se va, la alegría que nos invade, el hayo, la Facua compartida. Rostros, ojos, miradas, manos firmes, calor, alegría de los Abuelos que nos empujan para ir al inicio-final, nos entregan copias de nuevo Tejido. Las lágrimas como caleidoscopios nos tornan invencibles, grandes, certeros, vivos, orgullosos, altivos, luchadores, intermediarios.

Laguna Sagrada de Tota, entre las poblaciones de Aquitánia, Tota y Cuítiva, Boyacá. (B. Cepeda, 2015).

Un Jaguar, una garra, una voz compañera, un grito de libertad, de estrujar, un abrazo el hayo y una alabanza son el inicio del final de esta red tejida con piernas, brazos y corazón. Ascendemos creídos y orgullosos de enrumbarnos a conectarnos con el origen de la humanidad, la fortaleza hace del camino algo simple, sencillo, leve, frágil. La Madre Batchúe nos envía para el camino Agua-Lluvia que alivia nuestros corazones, almas y espíritus, sin hablar de brazos, piernas, espaldas. Pies al unísono se desplazan hacia el Agua-Origen, hacia el Agua-Inicio y para nosotros, mortales, hacia el final del Correr, del Mover la Tierra. Gracias a la Abuela Mamá Ramos por recibir nuestros espíritus y despertar los de la Madre Iguaque. Gracias Abuela Ramos por esclarecer el Tejido, rematar la puntada final con tus manos tiernas y dulces. Nos cobijaste con tu voz y el calor de tu Estar, de tu Ser. Gracias Abuela Ramos por vigilar y defender nuestro pagamento, por beber de nuestra Facua, por recibir nuestro hayo, por mostrarnos el sistema de comunicación de nuestras Lagunas Sagradas. Gracias Abuela Ramos por darnos el Portal de salida que, creo, es el mismo de entrada, por alimentar nuestra semilla, por engrandecer nuestra sabiduría, por mostrar nuestra fecundidad, por adornar el sendero de cristal recorrido, por tornarnos mejores personas, mejores compañeros, mejores padres, hermanos, tíos, padrinos, sobrinos, abuelos, nietos, hijos, gracias por prestarnos tus manos, tu voz, tu dulzura, por inspirar nuestras guitarras y sonajeros. Gracias Madre Ramos-Iguaque.

Laguna Sagrada de Iguaque, entre las poblaciones de Iguaque, Villa de Leyva y Arcabuco, Boyacá. (B. Cepeda, 2015).

Este escrito lo dedico, de todo corazón, a mi compañero de Travesía, Carlos Felipe Cortés Triana, con el cual nos entrelazamos amable y comprensivamente para cumplir este cometido del cual construimos rocas nuevas, Tejidos nuevos y descubrí que con su compañía llegué más lejos amablemente.

También. Lo dedico a la Unión-Tejido de TODAS las Comunidades Mhuysqaes del Territorio de Cundinamarca y Boyacá, para poder mostrar al Occidente nuestra hermosa, bella y precisa cultura y que podremos llevarlos al Progreso, a la igualdad y comprensión, con sabiduría y entregando semilla a cada ser humano plantado en el suelo de esta hermosa, bella y preciosa Madre Tierra, recordándoles que, no somos los Dueños del Planeta-Madre Tierra, somos sus HIJOS.

Escrito realizado por un Mhuysqa Común o Como un Mhuysqa.

 

Atabanza Koguar Mapuche (Bernardo Cepeda Vanegas)
5-20 de octubre de 2015

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